Análisis

Editorial | La Intersindical – Julio 2019

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Difíciles y especiales momentos vive el sindicalismo chileno. El gobierno de Piñera se encuentra desatado en una ofensiva contra la clase trabajadora, especialmente sobre quienes han emprendido el camino de la lucha. Así lo han sabido los trabajadores de la salud, quienes viven una dura persecución sindical contra sus dirigentes, del sector municipalizado, como en La Florida, y del aparato central, en el Hospital regional de Concepción. 

Por otro lado, los trabajadores de CODELCO de la división Chuquicamata también han conocido la mano del gobierno de Piñera. Sus tres principales sindicatos sostuvieron una huelga por 14 días, tras una fallida negociación colectiva. Los resultados no fueron del todo satisfactorios, lo que se vio reflejado en que más del 20% de los trabajadores rechazara aceptar el acuerdo con CODELCO. Como es costumbre, la prensa publicitó en exceso el bono asignado por 14 millones para cada uno de los trabajadores, pero invisibilizó el hecho de que sólo alcanzaron un reajuste salarial de 1,2% en un contrato de 3 años y que varias de las demandas, alcanzadas solo medianamente, se referían a evitar masivos despidos con la conversión de la mina a faenas subterráneas. Si bien la huelga afectó de forma directa los intereses económicos del gobierno, estuvo bastante lejos de adquirir un carácter político, quedando invisibilizada por numerosos otros problemas de Piñera y su gobierno, el que ve como siguen bajando las proyecciones de crecimiento económico.

Distinta ha sido la situación de la extensa huelga docente, un sector alejado de las áreas estratégicas de la economía y que no lucha por un bono millonario como el de Chuquicamata. Sin embargo, el paro docente logró superar la censura de la prensa burguesa en sus primeras dos semanas, adoptando diversas formas de lucha incluidas algunas combativas a partir de la cuarta semana. Si bien el paro fue revalidado recientemente por un estrecho margen, el profesorado se encuentra en un “empate catastrófico”, pues gran parte de quienes rechazaron la respuesta ya no se encuentran en paro indefinido, además de que la conducción de Aguilar aportilló el paro con su llamado a la claudicación. Para no pecar de arrogancia, debemos decir que los sectores clasistas mayoritariamente hemos estado ausentes en esta movilización. Hemos avanzado poco en nuestra principal tarea, estar insertos en las luchas y, desde ahí, no restarse, sino que dotarlas de prácticas combativas. 

A pesar de todo, las ganas de brindar batallas no desaparecen de las masas trabajadoras. El Sindicato Interempresas Líder, tradicionalmente patronal, inició una huelga el 10 de julio, carente de toda experiencia huelguística y con una conducción que no lideró ni planificó la huelga. No obstante, en numerosos locales del gigante Walmart, las trabajadoras han dado la pelea por un reajuste y contra la multifuncionalidad de sus contratos, iniciando su primera experiencia huelguística y preguntándose por primera vez dónde están sus dirigentes. En esa actitud de lucha es donde está el caldo de cultivo para las ideas clasistas. Hacia allá deben ir dirigidos nuestros decididos pasos.