Análisis

Balance de la movilización de las y los profesores en Chile

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Tras más de 50 días de paro nacional, el cual sólo presentaba niveles de acatamiento indefinido en algunas regiones, destacando Antofagasta, Atacama, Valparaíso y Biobío, y en medio de una consulta realizada en vacaciones de invierno, el Colegio de Profesores depuso el paro planteando nuevas formas para dar continuidad a la movilización docente, poniendo fin de esta manera a esta extensa paralización.

El paro nacional de profesores y profesoras no estuvo exento de complicaciones, por un lado, debió enfrentar el desprecio de las autoridades del Ministerio de Educación que no entregaban respuestas satisfactorias al petitorio del profesorado, y por otro lado, debieron romper el cerco informativo de los medios de comunicación que invisibilizaron la lucha de los trabajadores/as. Sin embargo, las y los docentes contaron también con un amplio apoyo y simpatía por parte del estudiantado, la clase trabajadora y el pueblo en su conjunto.

El 22 de mayo y tras romper una mesa de trabajo con el Mineduc donde el colegio de profesores había instalado un petitorio de once puntos (pago de la deuda histórica, abandono de la educación pública, titularidad de las horas de extensión, pago de menciones para educadoras diferenciales y de párvulos, entre otras) se realizó una consulta nacional que decantó en el inicio del paro nacional indefinido el día 3 de junio, y que se extendió por siete semanas, donde se sucedieron diversas manifestaciones que demostraron la fuerza de este sector de las y los trabajadores de la educación  llegando a congregar en una de sus más masivas marchas a 70.000 docentes el día 6 de junio. El repertorio de los docentes fue amplio, pasando por mítines y concentraciones en locales, intervenciones artísticas, tomas de los ministerios regionales (Valparaíso y Puerto Montt), además de acciones más combativas como cortes de ruta y barricadas, hasta una funa a la ministra Cubillos en el Cementerio General, que permitieron poner al centro de la discusión pública las demandas de las y los docentes de Chile y que obligaron a negociar al gobierno.

Las migajas ofrecidas por el MINEDUC, que consistieron en levantar mesas de trabajo técnicas y ofrecimientos que se tramitarían en el parlamento, fueron siempre rechazadas por las y los profesores, que valientemente decidían mantenerse movilizados, ya que no se daba solución a ninguno de los puntos demandados, nada en relación al reconocimiento de las menciones de las educadoras de párvulo y diferenciales solo se comprometió a entregar una “asignación especial”, mientras que de las asignaturas que perderán su carácter de obligatoriedad a partir del próximo año solo las de Historia y Educación Física (se deja afuera Artes) se mantendrían como obligatorias en los Servicios Locales de Educación, es decir, hoy en día solo en 14 comunas, excluyendo a la mayoría de los establecimientos del país, los que corresponden al sector particular subvencionado.

A pesar de la determinación de los profesores de seguir en paro pese a todas las dificultades que conlleva mantener una extensa movilización (como la baja adhesión en la capital) el presidente del CdeP, el humanista Mario Aguilar, realizó un nefasto llamado a los profesores al repliegue, acusando el desgaste, y buscó en reiteradas ocasiones bajar el paro, y requirió de dos consultas nacionales (una de ellas en vacaciones de invierno) para deponer la movilización. Este fin de la paralización se produjo cuando efectivamente las fuerzas habían mermado, pero todavía quedaba una importante voluntad de lucha, la que posibilitaba al menos convocar a una gran jornada de movilización tras la vuelta de vacaciones de invierno. De esa forma, se podría haber vuelto a meter presión a una ministra que estaba “en las cuerdas”. No obstante, la finalización sin ganadas concretas no sólo representa una derrota para las aspiraciones de miles de profesores, sino que también propiciar sentimientos derrotistas en las bases al considerar que las conducciones volvieron a traicionar sus sentidas demandas.

La paralización del profesorado en este ciclo 2014-2019 presenta ciertas características importantes de señalar, en primer lugar, los y las docentes movilizados han adquirido cierta distancia de los acuerdos cupulares, esto luego de años de política entre cuatro paredes y “telefonazos” que bajen movilizaciones por arriba, por lo tanto, se re significa a la “base” como un sujeto activo dentro de la toma de decisiones en el cotidiano del gremio, eso da por consiguiente una mayor adhesión a las discusiones, propuestas y acciones dentro de los organismos de representación dentro de las instituciones educacionales, comunales, regionales y en cierto sentido, nacional. En segundo lugar, se ha ratificado al paro como una herramienta efectiva para lograr conquistas, es así que son cientos las escuelas y liceos a lo largo del país que se han paralizado en función de acabar con el agobio docente, en contra de la carrera profesional docente y en este año en contra del cambio curricular y el petitorio de once puntos emanados desde el colegio de profesores. Otro aspecto importante es la legitimidad de acciones “radicales” o “combatividad” frente a un gobierno indolente, he incluso a la dirigencia de Aguilar que ha posicionado su “pacifismo”, donde se entiende que para ser visibilizado es necesario realizar acciones que llamen la atención. 

Esta extensa movilización docente nos deja varias tareas a los sectores clasistas. En primer lugar, debemos aumentar nuestra inserción en este sector de la clase trabajadora, donde es necesario hacer un llamado a través de la acción de los docentes hacia los demás sectores de la clase que trabaja en educación y viceversa. Además debemos difundir las ideas clasistas, entendiéndola como el alejamiento de la conceptualización  de lo profesional para avanzar hacia entendernos como trabajadores de la educación, apostar a una radicalidad e inserción dentro de todos los espacios gremiales y sindicales y la construcción de un programa de lucha que apueste por la destrucción de los pilares de la educación de mercado, las que si bien hoy tienen escasa adhesión en el profesorado, se vislumbran condiciones positivas para su avance, debido principalmente a la voluntad de lucha combativa demostrada en varias zonas. Junto a esto, se debe avanzar hacia la construcción de una propuesta educativa antagónica a la propiciada por el sistema, la cual debe ir dirigida directamente a los intereses educativos de nuestro pueblo, apostando por un proceso de desarrollo democrático entre los sectores educativos, por lo que debe adquirir un carácter liberador. Para esto se requiere en primer lugar enfrentar las conducciones claudicantes, que no solo llamaron al repliegue, sino que también criminalizaron la lucha directa y combativa, propiciaron el aislamiento de los secundarios que rechazaban “(J)Aula segura”. En segundo lugar, se requiere articularnos con el resto de los trabajadores de la educación, sin estos, difícilmente la lucha podrá adquirir un carácter de clase.