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Sobre la rebaja de la jornada laboral a 40 horas

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El día de ayer jueves 24 de octubre la Cámara de Diputados aprobó el proyecto de ley que rebaja la Jornada Laboral a 40 horas. Como AIT quisimos dejar algunas reflexiones sobre esta medida

Antecedentes del Proyecto de Ley

En marzo del año 2017, parlamentari@s del Partido Comunista y del Frente Amplio ingresaron en la Cámara de Diputados un Proyecto de Ley que buscaba reducir la jornada ordinaria de trabajo de un máximo de 45 a 40 horas semanales. Hasta ahora la jornada está regulada por el Art. 21 del Código del Trabajo, el que se complementa con el Art. 28, que señala que la jornada de trabajo semanal debe distribuirse en un máximo de seis y un mínimo de cinco días. Adicionalmente la propuesta busca ingresada busca incluir dentro de la jornada de trabajo aquellos momentos en que l@s trabajador@s se encuentra bajo dependencia de la/el empleadora/or y que no son pagadas en las remuneraciones, tal como sucede con el tiempo para equiparse el uniforme de trabajo. El proyecto durmió en el congreso hasta noviembre del año 2018 que es donde comienzan las discusiones generales por la moción. Proceso que viene a tener un hito recién en julio de este año, cuando la Comisión de Trabajo de la Cámara de Diputados decide aprobar el proyecto.

La reducción de la jornada tendría fundamentos en la comparación internacional sobre productividad, pues los datos de la OCDE señalan que sus Estados miembros mantienen altos índices de productividad con bajas jornadas ordinarias de trabajo. Por lo tanto, surge la siguiente pregunta ¿Es realmente la extensión de la jornada de trabajo el factor determinante de la productividad en un país y su éxito económico? 

La reacción empresarial

                Los argumentos que levantó la patronal en contra de las 40 horas de trabajo semanal han tomado posiciones principalmente económicas y legislativas. Estos ataques han venido desde Renovación Nacional y la Unión Demócrata Independiente, desde el Ministerio del Trabajo, la Organización Internacional del Trabajo (OIT), la Dirección de Presupuestos, la Sociedad Nacional de Agricultura, la Cámara de Comercio y Consejo Minero. Todos, en “santa alianza”, han puesto el grito en el cielo.

En lo económico aluden a que aumentarán los costos por trabajadora y trabajador. Relacionado por un lado en el aumento de un 11% del valor por hora de trabajo que acarrea la reducción de la jornada a 40 horas para la empresa; el alza en aporte patronal al sistema de previsión social (donde la última reforma a las pensiones estipula un costo del 4%); como también la exigencia de la sala cuna universal con carga a la/el empleadora/or. En ese sentido, la reducción de la jornada productiva implicaría nuevos procesos de contratación de trabajador@s para cubrir los turnos y la acumulación de riqueza que solvente el aumento de los costos.

No podemos dejar de mencionar que el empresariado está utilizando de escudo a las Pequeñas y Medianas Empresas. La repuesta ha sido que una empresa grande podrá suplir los costos de las reformas y las 40 horas, pero no lo logrará solventar la PYME. Así mismo, han manifestado la proyección de un aumento en el gasto fiscal, toda vez que un total de 14.000 funcionari@s públicos se encuentran afectos al Código del Trabajo.

En lo legislativo, las críticas al proyecto han giro aludiendo a que el aumento en los costos por trabajadora y trabajador también afectarían el Estado como empleador, pues la iniciativa por las 40 horas implicaría un aumento del gasto fiscal. Según la legislación chilena, el aumento del gasto fiscal sólo puede ser resuelto desde el Poder Ejecutivo (presidente), toda vez que responde a una variación en materia presupuestaria de la nación. Es así como las 40 horas serían inconstitucionales, y aunque fuera un proyecto de ley aprobado en el Congreso tendría su freno en el cerrojo dictatorial del Tribunal Constitucional. Este argumento se vio reforzado con los informes estadísticos ofrecidos por la DIPRES, y que plantearían como solución a la calidad de vida de l@s trabajador@s el proyecto de Flexibilidad Laboral levantado por el Gobierno de Piñera, el cual propondría, con mucha letra chica, una reducción de la jornada de 45 a 41 horas semanales.

Algunos puntos para considerar

                El Proyecto de Ley de las 40 horas semanales tiene fecha culmine para su aprobación en octubre de 2019. El 24 de ese mes fue aprobado fácilmente en la Cámara de Diputados, la discusión en la Cámara de Senadores deja a los parlamentarios democratacristianos como actores claves en su aprobación. Por otro lado, lo más probable es que de ser aprobado sea impugnado por el Tribunal Constitucional, y en última instancia puede ser rechazado mediante el Veto Presidencial, aunque esta última opción, tendría pocas posibilidades, pues contribuiría a acentuar aún más el rechazo social hacia Piñera.

En este contexto, debemos tener presente también otros factores

  1. El aumento en la calidad de vida de la clase trabajadora debe conllevar un aumento del salario. La rebaja de la jornadagenera un alza de un 11% sobre el valor de la hora de trabajo, pero no se verá expresado en un aumento salarial. Frente a esto, debemos tener presentes los dichos de Eduardo Riesco (Fiscal de la Sociedad Nacional de Agricultura) quien amenaza que los costos asociados a la mantención y contratación de trabajador@s, tendrán repercusión directa en los consumidores. Es decir, se proyecta una nueva alza en el costo de reproducción de la vida (sin mencionar varias alzas ya ocurridas).
  2. La automatización latente: es de esperar que las empresas busquen reducir sus costos productivos mediante la implementación de máquinas, que en el largo plazo implicarán reducción de personal. Es necesario comenzar a dotar de herramientas al debate de la automatización, pues ya en San Bernardo la trasnacional Wallmart habilitó un centro de distribución que opera sin gran intervención humana.
  3. Gradualidad de la propuesta: Ya desde el Partido Socialista, se ha mencionado que la propuesta no podría comenzar su implementación desde el próximo año. Es así como buscan en el corto plazo, ingresar una moción para que las 40 horas semanales se implementen en un total de 5 años. En esta misma línea argumentativa la OIT, la UDI y RN, han señalado que la propuesta del ejecutivo es la alternativa idónea, toda vez que cumple con los criterios de gradualidad y protegería el sector de las PYMES. Sin embargo, la iniciativa del Gobierno busca aumentar la jornada de trabajo diaria pudiendo alcanzar hasta 12 horas. Por otro lado, nada asegura que el tiempo libre que se tenga por trabajar más horas diarias permitirá a l@s trabajador@s conciliar su vida familiar. La realidad sobre la calidad de vida refleja que esas horas libres serán utilizadas para buscar a otra/o empleadora/or.
  4. El sector informal del trabajo no será verá beneficiado por las 40 horas: Conforme al Instituto Nacional de Estadísticas (INE) hay 2.400.000 de personas que se ven empleadas en el sector informal, lo que representa un 29% de la fuerza laboral. Este nivel de informalidad es especialmente alto en áreas como las actividades artísticas y de entretenimiento (cines, museos, actividades deportivas), la industria silvoagropecuaria y pesquera, trabajos relacionados con lo domestico (como jardinería, conserjes, asesoras del hogar). Inclusive hay excepciones para trabajador@s afectos al Código del Trabajo que no se verán beneficiadas/os por las 40 horas, como son quienes poseen más de un empleador, quienes se emplean en teletrabajo, aquellas/os que se desempeñen en naves pesqueras, como también trabajador@s con jornadas extraordinarias o especiales.

Como AIT reconocemos que la aprobación de una jornada de 40 horas representa una reivindicación positiva y muy sentida para el conjunto de la clase trabajadora, pues es una reforma que disminuye los niveles de plusvalía que el empleador se apropia del trabajo producido por nosotros. No obstante, consideramos que existen varias situaciones importantes de considerar, pues, como toda reforma, no significa una transformación revolucionaria de las condiciones de vida. Por otro lado, consideramos que en caso de que el Tribunal Constitucional impugne la medida, la respuesta de la clase trabajadora debe ser contundente. Debemos saber canalizar el profundo respaldo a esta rebaja de la jornada con una movilización masiva, de bases, en contra del rechazo institucional, dando cuenta que los limites legales son respondidos con la movilización callejera activa.