Análisis

Editorial. Que la rabia se transforme en organización.

Compartir

La revuelta popular desatada el viernes 18 de octubre encontró a los diversos nucleamientos con perspectivas revolucionarias tan asombrados como al mismo gobierno. Esto no niega que muchos se hayan sumado, de forma individual más que nada, a apoyar las acciones de los estudiantes secundarios, especialmente a partir del día jueves 17, cuando la evasión del metro fue adoptada por un porcentaje importante de la clase trabajadora santiaguina, fundamentalmente por los hastiados asalariados que ocupamos el metro en las horas punta.

Desde el sindicalismo la respuesta fue lenta. A pesar de esto existieron muestras de respaldo que significaron un importante espaldarazo a la legitimidad que tuvieron las acciones de los estudiantes, lo que posibilitó que se transformase en una revuelta popular. Por su parte, la Central Clasista aún no muestra rasgos de consolidación como para ejercer el rol que pretende cumplir. De todas formas, sus pequeños avances en este año de vida, son muy superiores a lo que algunas individualidades de salón han logrado durante años de intentos por insertarse en el sindicalismo.

Lo vivido en estas dos semanas ha significado importantes experiencias de lucha que, más allá de los logros concretos, deben servir como catalizadores del malestar del pueblo y de su politización. La radicalidad adoptada fue de la mano con la masividad, por lo que los llamados pacifistas y ciudadanistas que intentarán llevar todo hacia una posible Asamblea Constituyente y al parlamento, representan una suerte de nueva concertación política. Esta búsqueda de acuerdos, de construcción de un nuevo pacto social fue precisamente los que nos llevó hace 30 años a la salida pactada con la dictadura, manteniendo los pilares neoliberales, entre estos, el Código del Trabajo vigente.

Al cierre de esta edición, las protestas aún se mantienen, mientras que el gobierno anuncia cambio de gabinete y la ONU se apronta a visitar el país. Los hijos e hijas de nuestro pueblo asesinados nos obligan a mantener la lucha, y esta debe mantener la forma de protesta, pues desde el gobierno saben que bajo las formas culturalistas y ciudadanas sus intereses están asegurados.

Toda lucha implica desgaste, pero nuestro cansancio no puede recibir nuevas derrotas. El gobierno se encuentra profundamente deslegitimado, y el destape de los abusos y crímenes de pacos y milicos lo pondrá aún más contra las cuerdas. Por esto es necesario mantener la lucha, rechazar la realización de la próxima APEC (ya logrado) y avanzar en la vinculación de los sindicatos con la lucha del conjunto del pueblo. Nadie cae sin que se le golpee y si dejamos pasar esta ocasión para lograr revertir la tendencia del modelo pasaran años hasta que volvamos a tener una oportunidad similar.

¡A mantener y fortalecer la protesta popular!

¡A vincular la lucha sindical con las luchas del pueblo!